La nutrición y la actividad física se consolidan como elementos relevantes del autocuidado de las personas con mieloma múltiple, aunque su incorporación debe ajustarse a las características de cada paciente, a las lesiones óseas y al tratamiento que recibe. Asociaciones de pacientes y especialistas reclaman más información basada en evidencia para evitar recomendaciones genéricas, mejorar la tolerancia a las terapias y limitar la difusión de mitos que pueden entrañar riesgos.
La petición cobra relevancia ante la previsión de que España registre en 2026 alrededor de 3.600 nuevos diagnósticos de esta enfermedad, con 2.011 casos en hombres y 1.561 en mujeres. El mieloma múltiple es el segundo cáncer de la sangre más frecuente en el país. Se trata de una patología que puede afectar a los huesos, provocar dolor, anemia, fatiga y alteraciones en distintos órganos, de modo que sus consecuencias trascienden la consulta de Hematología y condicionan actividades cotidianas como caminar, dormir o mantener una alimentación regular.
Información adaptada para una enfermedad compleja
Teresa Regueiro, presidenta y fundadora de la Comunidad Española de Pacientes con Mieloma Múltiple, sostiene que los afectados necesitan recomendaciones específicas sobre nutrición y ejercicio, adaptadas a su tumor y a las distintas fases del proceso asistencial. A su juicio, disponer de criterios científicos rigurosos y transparentes puede ayudar a tolerar mejor el tratamiento, preservar la calidad de vida y desmontar falsas creencias.
La demanda no se limita a recibir más consejos, sino a contar con una orientación que tenga en cuenta la heterogeneidad de la enfermedad. No todos los pacientes presentan el mismo estado nutricional, la misma movilidad ni idéntico riesgo de fractura. Además, los efectos secundarios de los tratamientos pueden variar y modificar la capacidad para comer, hidratarse o realizar actividad física. Por esa razón, una recomendación segura debe integrarse en el seguimiento clínico y no sustituir la valoración individual de los profesionales sanitarios.

La doctora María Victoria Mateos, hematóloga del Hospital Universitario de Salamanca y presidenta de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, advierte de que, en un entorno con abundancia de contenidos, la desinformación constituye uno de los principales riesgos para el paciente. En este contexto, atribuye a los especialistas la responsabilidad de dirigir a las personas con mieloma hacia fuentes fiables y de corregir mensajes que presenten la alimentación o el ejercicio como soluciones universales o sustitutos del tratamiento médico.
Una dieta equilibrada frente al riesgo de desnutrición
La desnutrición afecta a casi el 48% de los pacientes con cáncer y puede dificultar el abordaje de la enfermedad. La pérdida de peso, la disminución de la masa muscular o la falta de determinados nutrientes pueden reducir la reserva física necesaria para afrontar tratamientos prolongados. La situación también puede agravarse por la falta de apetito, las alteraciones del gusto, las náuseas o la fatiga.
La doctora Nuria Valdés Gallego, jefa de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Cruces, recomienda una alimentación variada y equilibrada, con presencia de proteínas de calidad, frutas, verduras y cereales integrales. También aconseja mantener una hidratación adecuada, excepto cuando exista una contraindicación médica, y vigilar posibles déficits de vitamina D, vitamina B12 y folato. Estos controles deben plantearse dentro de la atención clínica, ya que la necesidad de suplementos depende de los análisis y de la situación concreta de cada persona.
La especialista plantea asimismo limitar el consumo de azúcares, grasas saturadas, harinas refinadas y alcohol. La recomendación no equivale a imponer una dieta rígida, sino a priorizar alimentos de mayor densidad nutricional y reducir productos que aportan pocas ventajas en una etapa en la que conservar la fuerza y el peso puede ser importante. En pacientes con dificultades para comer o con pérdida de peso, la estrategia puede requerir ajustes profesionales y un seguimiento más estrecho.
Actividad física con protección ósea y supervisión
El ejercicio también debe prescribirse de forma individualizada. El doctor Juan Luis Sánchez González, profesor de Medicina de la Universidad de Salamanca, señala que antes de establecer una pauta es necesario valorar las lesiones óseas, la función cardiorrespiratoria, el tratamiento, el dolor y las limitaciones funcionales. La existencia de afectación ósea convierte en especialmente relevante la selección de los movimientos, la intensidad y la prevención de caídas.
La Sociedad Americana de Hematología indica que la actividad física puede contribuir a reducir el dolor, el insomnio y la fatiga. Sin embargo, esos posibles beneficios no justifican que todos los pacientes realicen el mismo tipo de ejercicio ni que aumenten la intensidad sin control. En el mieloma múltiple, la prioridad debe ser proteger el hueso, conservar la movilidad y gestionar el cansancio, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario que pueda modificar la pauta ante cambios clínicos.
La doctora Esther González García, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario de Cabueñes, subraya que el mieloma múltiple afecta de manera notable al día a día y exige un abordaje integral. Desde esta perspectiva, la nutrición y el ejercicio supervisado no son medidas aisladas, sino apoyos que deben coordinarse con el tratamiento hematológico, el control del dolor, la rehabilitación y la atención a las necesidades emocionales y sociales.
Una iniciativa centrada en fuentes fiables
Con motivo del Día Mundial del Mieloma Múltiple, Pfizer ha difundido una serie de vídeos con recomendaciones sobre alimentación y actividad física avaladas por profesionales sanitarios. La compañía presenta estos materiales como una herramienta de apoyo basada en la evidencia científica. Su director médico en España, José Chaves, defiende que el abordaje de la enfermedad debe ir más allá de la innovación farmacológica, aunque las pautas divulgadas no sustituyen las indicaciones del equipo que atiende a cada paciente.
El debate refleja un cambio progresivo en la atención al mieloma múltiple: junto al control de la enfermedad y la respuesta a los fármacos, se presta más atención a la capacidad funcional y a la calidad de vida. Para que ese enfoque sea útil, las recomendaciones deben ser comprensibles, verificables y suficientemente flexibles para adaptarse a la evolución clínica. La combinación de información contrastada, seguimiento médico y participación activa del paciente aparece así como la vía más segura para incorporar hábitos saludables sin convertirlos en promesas ni en obligaciones descontextualizadas.
