Infinito Delicias afronta el curso 2026-27 con una programación diseñada para que el centro no funcione únicamente como contenedor de exposiciones, conciertos o propuestas escénicas. El espacio, inaugurado a finales de 2025 en la calle Juana Doña, en el distrito madrileño de Arganzuela, plantea una fórmula de participación ciudadana que aspira a situar a los vecinos en el centro de su actividad. El proyecto, impulsado por la Fundación Daniel y Nina Carasso, combina cultura, alimentación, sostenibilidad y debate público en un antiguo enclave industrial transformado arquitectónicamente.
Un programa deliberadamente incompleto
La programación presentada para la nueva temporada está cerrada en torno a dos tercios. El tercio restante queda reservado para iniciativas que puedan surgir durante el año, una decisión que define la ambición del proyecto: no limitarse a ofrecer una agenda cultural acabada, sino mantener capacidad de respuesta ante propuestas, necesidades y conversaciones que emerjan en el barrio y en el conjunto de Madrid. Para su director, Javier Martín-Jiménez, esa apertura es una condición necesaria para que el centro pueda crecer y evolucionar junto a su entorno.

La fórmula se articula en cuatro líneas: habitar el espacio, crear comunidad, cocinar y comer con propósito, y dialogar para generar pensamiento. Más que categorías administrativas, los ejes describen una idea de centro cultural que busca intervenir en la vida cotidiana. La programación pretende convocar tanto a residentes de Delicias como a públicos de toda la metrópolis, con actividades creativas experimentales, encuentros y propuestas artísticas, pero también con lugares y tiempos para una estancia menos reglada.
La alimentación como lenguaje cultural y social
El apartado gastronómico es uno de los rasgos que singularizan a Infinito Delicias. El restaurante Unmar, inspirado en la tradición mediterránea y en una filosofía de residuo cero, trabaja con producto de temporada y comercio de proximidad. La alimentación aparece así como una herramienta cultural, no como un servicio periférico destinado a complementar la oferta artística. Esa elección enlaza con cuestiones de sostenibilidad, cadenas de suministro, hábitos de consumo y acceso a una comida de calidad, asuntos que forman parte de los debates urbanos contemporáneos.
En un momento en que muchos espacios culturales incorporan cafeterías o restauración como vía de ingresos y de atracción de visitantes, la propuesta de Delicias intenta otorgar al acto de comer una dimensión colectiva. Cocinar, compartir una mesa y hablar después de ella se presentan como prácticas de comunidad. El reto consistirá en que esa vocación no quede restringida a un público culturalmente familiarizado con este tipo de iniciativas o con capacidad económica para convertir el espacio en un lugar habitual.
Una arquitectura que sostiene el discurso ambiental
La antigua instalación industrial ha sido reconvertida con materiales reutilizables y naturales, y el edificio se autoabastece mediante energía solar y geotermia una vez está en funcionamiento. Sus vigas de madera, su presencia vegetal y los huertos urbanos forman parte de una arquitectura concebida para ser vivida, no solo contemplada. Philippe-Loic Jacob, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, subrayó la voluntad de crear un lugar amable, accesible para personas de distintas edades y niveles educativos.
La coherencia entre edificio y programación es relevante: un centro que sitúa el clima, la alimentación y los cuidados entre sus asuntos de debate se expone a ser evaluado también por sus propias prácticas materiales. La autosuficiencia energética y la reutilización de recursos aportan una base concreta a ese discurso. No resuelven por sí solas la huella de cualquier actividad cultural, pero introducen estándares que empiezan a ser decisivos en la gestión de equipamientos de nueva generación.
El debate sobre la vivienda entra en la agenda
La llegada de espacios culturales privados a barrios en transformación plantea una tensión conocida en Madrid. En zonas cercanas como Legazpi o Carabanchel han proliferado expresiones críticas con la relación entre oferta cultural, revalorización urbana y subida de alquileres. Martín-Jiménez, vecino del área desde hace dos décadas, reconoció de forma explícita que la vivienda constituye uno de los grandes problemas de la ciudad. La frase “Tu arte nos sube el alquiler”, presente en pintadas de barrios sometidos a procesos de gentrificación, forma parte del diagnóstico que el centro dice querer afrontar de frente.
Ese reconocimiento no elimina la contradicción. Infinito Delicias es una iniciativa privada, aunque esté promovida por una fundación, y su capacidad para atraer nuevos públicos puede contribuir a reforzar la centralidad simbólica de un entorno ya sometido a presiones inmobiliarias. La diferencia estará en cómo se distribuyan sus beneficios sociales: precios, acceso real de asociaciones y residentes, programación codiseñada y continuidad de los vínculos con el tejido local serán indicadores más útiles que la mera declaración de intenciones.
La “sobremesa” como método de intervención
La respuesta conceptual del centro es reivindicar la sobremesa: un tiempo compartido, sin una utilidad inmediata, desde el que conversar sobre vivienda, cambio climático, coste de la vida, salud mental, migraciones, educación y cuidados. La idea introduce un matiz relevante frente al consumo acelerado de eventos culturales. No se trata solo de asistir a una actividad, sino de habilitar un espacio posterior para elaborar lo escuchado y confrontar experiencias distintas.
Delicias cuenta ya con una vida vecinal activa, y el propio centro se presenta como complemento antes que sustituto de esa dinámica. Su desafío para 2026-27 será demostrar que la participación no se limita a llenar la agenda con actividades abiertas, sino que influye en las decisiones, los temas y los usos del edificio. Si consigue mantener esa permeabilidad, Infinito Delicias puede consolidarse como un laboratorio de convivencia cultural; si no, corre el riesgo de convertirse en otra pieza atractiva de la transformación urbana que pretende cuestionar.
