La playa de Las Canteras no está perdiendo arena de forma neta, aunque su perfil cambia de manera continua y puede dejar expuestos sectores vulnerables durante los episodios de fuerte oleaje. Esa es una de las principales conclusiones del seguimiento realizado por el grupo Geogar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) en Peña la Vieja, a partir de más de 370 fotografías aportadas por bañistas y paseantes entre mayo de 2023 y abril de 2026.
La investigación utiliza el sistema internacional CoastSnap, una red ciudadana de observación costera con más de 700 estaciones en 37 países. En Las Canteras, el tótem instalado a la altura de la calle Gravina permite que cualquier persona sitúe su teléfono en un soporte, tome una imagen horizontal y la suba a la plataforma mediante un código QR. Las fotografías, siempre diurnas y tomadas desde un punto fijo, se convierten así en una serie de datos útil para medir variaciones de la línea de agua.

Una playa estable no significa una playa inmóvil
El resultado más relevante del análisis es que, en el tramo observado entre las calles Gravina y Kant, la línea de agua se mantiene en términos generales en una posición compatible con el equilibrio de la playa. No se aprecia un avance sostenido del mar hacia el paseo. Sin embargo, esa estabilidad no implica que la arena permanezca fija: el sedimento se desplaza principalmente de forma longitudinal, paralelo a la costa, y se redistribuye cerca de la orilla.
El investigador colaborador Tobías Jung resume esa dinámica con una idea esencial para entender el litoral urbano: Las Canteras no gana ni pierde arena de forma permanente, sino que la arena “se va” y vuelve dentro del propio sistema. El balance sedimentario global reduce el escenario de desaparición de la playa, pero no elimina los problemas puntuales. Cuando una parte del frente costero queda temporalmente con menos arena, un temporal puede actuar directamente sobre zonas más rígidas y causar daños en infraestructuras como el paseo marítimo.
La Barra divide la respuesta del litoral
La singularidad de Las Canteras reside en que no funciona como una playa homogénea. La presencia de la Barra altera la energía de las olas y el sistema de corrientes, creando áreas protegidas y otras más expuestas. Los científicos distinguen tres grandes sectores con comportamientos sedimentarios propios: el arco sur, correspondiente a La Cícer; el arco central, en Peña la Vieja; y el arco norte, en Playa Grande.
Esta división explica por qué una alteración visible en La Cícer no debe interpretarse automáticamente como un deterioro general de toda la playa. Cada arco responde de forma diferente a la dirección del oleaje, a las mareas y al transporte de arena. Las fotografías recogidas en Peña la Vieja permiten seguir unos 350 o 400 metros de costa y muestran indicios de mayor erosión en el extremo próximo a la estación, junto a un aumento de superficie en el más alejado. Son cambios locales dentro de una dinámica más amplia, no una prueba de regresión irreversible.
Los temporales recientes modificaron el patrón habitual
El equipo de la ULPGC también ha analizado los temporales registrados entre el otoño de 2025 y el verano de 2026, combinando datos de la boya más cercana con los criterios de episodios extremos de la Agencia Estatal de Meteorología. Según ese estudio, este periodo concentra hasta ahora el mayor número de tormentas registrado bajo dichos parámetros.
La dirección del oleaje presentó además una componente más occidental que en otros años. Ese matiz resulta decisivo: no solo importa la intensidad de las olas, sino desde dónde llegan. El patrón afectó de manera particular al movimiento de arena en La Cícer, donde aparecieron cantos previamente enterrados, procedentes del barranco de La Ballena, y volvió a aflorar el antiguo paleosuelo de Las Canteras. También quedaron expuestos elementos de la paleoplaya y de las dunas fósiles, fenómenos ya observados en 2015.
La aparición de estos materiales geológicos tiene una doble lectura. Por un lado, revela la capacidad de los temporales para retirar rápidamente capas de arena en determinados puntos. Por otro, aporta información sobre la historia física de la playa y sobre los umbrales a partir de los cuales el sistema modifica su aspecto. El reto para la gestión pública no es impedir toda variación natural, sino identificar con antelación cuándo esa variación puede coincidir con un episodio energético capaz de comprometer estructuras urbanas.
Más fotografías para mejorar las decisiones costeras
La actual base de imágenes ha permitido confirmar que el comportamiento observado entra, por ahora, dentro de lo esperado. Pero la capacidad predictiva depende de ampliar la serie temporal y de recoger escenas bajo más condiciones de marea, oleaje y estación del año. Las Canteras tiene una amplitud mareal cercana a los dos metros; agrupar las fotografías por rangos de marea ayuda a separar los cambios naturales debidos al nivel del agua de los desplazamientos reales de la línea de costa.
El proyecto prevé instalar otro tótem en La Cícer, aunque el grupo investigador considera que serían necesarias tres estaciones para cubrir adecuadamente toda la extensión de ese sector. Una red más amplia permitiría comparar de forma simultánea las respuestas de los distintos arcos, anticipar con mayor precisión los efectos de los temporales y diseñar medidas de protección ajustadas a cada tramo, en lugar de aplicar soluciones uniformes a una playa que no se comporta de manera uniforme.
La colaboración ciudadana ya genera información útil
El análisis estadístico de 2025 indica que la mayoría de las imágenes fueron tomadas en febrero, agosto y septiembre; los domingos y los miércoles concentraron más aportaciones, y las 11.00 horas fueron el momento más habitual, seguido de las 18.00 y las 19.00. Esta concentración evidencia tanto la implicación de los usuarios como una carencia metodológica: para obtener una lectura más robusta del litoral hacen falta fotografías distribuidas durante todos los días del año y a todas las horas con luz.
Además de seguir la arena, las imágenes pueden aportar datos sobre la ocupación de la playa, los usos del espacio y la densidad de visitantes según la hora. La iniciativa, financiada mediante un convenio entre el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y la ULPGC y dirigida por María José Sánchez García junto a Tobías Jung, convierte una acción cotidiana en observación científica. Cuantas más imágenes válidas reciba CoastSnap, mayor será la solidez estadística de las predicciones y la capacidad de proteger una playa cuya estabilidad depende, precisamente, de su movimiento constante.
