La mejora de cubiertas, pavimentos y arbolado eleva un 14% el confort estival en viviendas de Sevilla

La adaptación de los barrios al calor extremo no depende únicamente de las reformas dentro de las viviendas. Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Sevilla (US) y de la Universidad de Bari, en Italia, concluye que actuar sobre cubiertas, pavimentos, calles y zonas verdes puede ampliar en más de tres horas el tiempo de confort térmico en los hogares durante el verano, sin necesidad de recurrir al aire acondicionado.

La investigación, aplicada al barrio sevillano de El Tiro de Línea, estima que un conjunto de intervenciones urbanas pasivas permitiría incrementar un 14% las horas de confort en el interior de las viviendas durante la época estival. El trabajo vincula el comportamiento térmico del espacio público con las condiciones que se registran dentro de los edificios, una relación especialmente relevante en barrios construidos antes de la generalización de los actuales estándares de aislamiento y eficiencia energética.

Del microclima de la calle al interior de las casas

El estudio más reciente, publicado en la revista Building Simulation, ha sido elaborado por el Grupo de investigación Sostenibilidad en Arquitectura, Tecnología y Patrimonio, adscrito al Departamento de Construcciones Arquitectónicas I de la Universidad de Sevilla. Su principal aportación consiste en una metodología de simulación que conecta dos escalas habitualmente analizadas por separado: el microclima urbano y el rendimiento térmico de una vivienda concreta.

Los investigadores modelizaron el estado actual de El Tiro de Línea y lo compararon con un escenario de mejora considerado realista y asumible. La propuesta combina cubiertas de elevada reflectancia, pavimentos urbanos más claros, un aumento de las superficies permeables y una mayor cobertura arbórea. Estas medidas se conocen como estrategias de mitigación pasiva porque buscan limitar el sobrecalentamiento sin requerir consumo energético directo.

La mejora de cubiertas, pavimentos y arbolado eleva un 14% el confort estival en viviendas de Sevilla

Según las simulaciones, la intervención reduciría hasta en 2 grados Celsius la temperatura del aire exterior en los momentos de mayor calor. Esa modificación del entorno se trasladaría al interior de los hogares: la temperatura media estival de la vivienda analizada descendería en más de un grado. Aunque la reducción pueda parecer limitada, adquiere relevancia en episodios prolongados de altas temperaturas, cuando pequeñas variaciones pueden determinar si una casa permanece dentro o fuera de los umbrales de confort.

Un caso representativo de un parque residencial envejecido

El análisis tomó como referencia una vivienda situada en el centro del barrio, en la segunda planta de un edificio construido en 1942. El inmueble carece de aislamiento térmico y dispone de ventilación cruzada, características que lo aproximan a una parte significativa del parque residencial de origen social levantado en España y en el sur de Europa durante la segunda mitad del siglo XX.

Estos barrios presentan una vulnerabilidad específica frente a las olas de calor. Sus edificios suelen ofrecer una protección insuficiente ante temperaturas extremas y, al mismo tiempo, una parte de su población no puede mantener una climatización continuada por el coste de la electricidad. En ese contexto, mejorar el aire exterior con el que se ventilan las casas durante gran parte del día puede reducir el estrés térmico doméstico y moderar la dependencia del aire acondicionado.

El resultado no implica que las actuaciones urbanas sustituyan por completo a la rehabilitación energética de los edificios. El propio planteamiento de la investigación apunta a la necesidad de combinar ambas escalas. El aislamiento de fachadas y cubiertas, la mejora de carpinterías o la renovación de instalaciones siguen siendo herramientas decisivas para limitar las ganancias de calor y el gasto energético. Sin embargo, el estudio sostiene que concentrar las inversiones exclusivamente dentro de los inmuebles deja sin abordar una parte relevante del problema: la acumulación de calor en el espacio público.

La sombra y los materiales no producen el mismo efecto

La investigación advierte además de que no todas las soluciones tienen idénticos efectos ni responden a los mismos objetivos. Los pavimentos de alta reflectancia absorben menos radiación solar y pueden contribuir a rebajar la temperatura del aire. No obstante, si se instalan en espacios sin sombra, también pueden aumentar la exposición de los peatones a la radiación reflejada. La reducción térmica medida en el aire, por tanto, no equivale automáticamente a una mejora proporcional de la sensación térmica para quienes caminan por la calle.

El arbolado cumple una función diferente y complementaria. Además de contribuir al enfriamiento mediante sombra y evapotranspiración, protege directamente a las personas frente a la radiación solar. Esta distinción resulta relevante para el diseño urbano: un barrio puede reducir parcialmente su temperatura media con materiales reflectantes, pero necesita sombra suficiente para mejorar de forma efectiva las condiciones de uso de sus calles, plazas y recorridos peatonales.

Un trabajo previo del mismo ámbito investigador ya había observado que una intervención pasiva podía mejorar la sensación térmica exterior hasta en 8 grados y disminuir hasta en 2 grados la temperatura del aire durante las horas más calurosas. La nueva investigación añade el impacto sobre el interior de los edificios y refuerza la idea de que las decisiones sobre arbolado, pavimentos y cubiertas tienen consecuencias que van más allá de la imagen o el mantenimiento del espacio público.

Planificación urbana ante un calor más persistente

El caso de El Tiro de Línea ofrece una referencia para la planificación de intervenciones en áreas residenciales vulnerables, aunque sus resultados proceden de simulaciones aplicadas a una configuración urbana y a una vivienda determinadas. La traslación de las conclusiones a otros barrios requeriría considerar factores como la orientación de las calles, la densidad edificatoria, los materiales existentes, el acceso al agua para el mantenimiento de la vegetación y las características de cada parque de viviendas.

La principal conclusión es que la adaptación al calor debe entenderse como una política conjunta de vivienda, salud pública y diseño urbano. Reducir la temperatura del entorno, aumentar la sombra y facilitar superficies capaces de gestionar el agua puede mejorar la habitabilidad cotidiana y aliviar la factura eléctrica de hogares con menor capacidad económica. En ciudades como Sevilla, donde los episodios de calor intenso condicionan cada vez más la vida urbana, las actuaciones de pequeña y mediana escala en los barrios pueden convertirse en un complemento relevante de las grandes estrategias climáticas.

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