Castropol cerró este martes los actos centrales del Día de Asturias bajo una lluvia intensa que obligó a reducir parte del programa previsto en el muelle de la villa. Los aguaceros persistentes marcaron una jornada en la que el Principado quiso poner el foco en la ría del Eo y en los concejos del occidente, pero en la que también afloraron dos formas distintas de entender la celebración: la defensa de una fiesta institucional y cívica, planteada por IU, y la reivindicación de una jornada de convivencia y orgullo territorial expresada por el presidente Adrián Barbón.

La meteorología, con cielo cubierto, nieblas y precipitaciones, alteró el ritmo habitual de una programación diseñada para extender la celebración por varios puntos de la comarca. La lluvia no impidió los actos institucionales ni la presencia de representantes políticos, pero sí limitó la actividad al aire libre y obligó a concentrar los encuentros en la carpa instalada en el muelle. La exhibición de vela latina en la ría y la actuación de la orquesta Waikas quedaban expuestas a la evolución del tiempo durante la tarde.
Una clausura bajo la carpa del muelle
Barbón llegó a Castropol procedente del santuario de Pastur, en Illano, donde había acudido a título personal. Ya en la villa, acompañado por el consejero de Medio Rural, Marcelino Marcos, realizó saludos breves a las personas concentradas en el recinto y visitó la alfombra floral elaborada por la asociación El Pampillo. La pieza reproducía la tradición de las composiciones que acompañan al Corpus de Castropol, uno de los referentes culturales más reconocibles del municipio.
El formato reducido del acto reflejó una realidad frecuente en las celebraciones de septiembre en Asturias: la dependencia de espacios exteriores para exhibiciones, música y encuentros multitudinarios. La lluvia forma parte de la imagen climática de la región, pero también condiciona la capacidad de convertir un programa festivo en un escaparate turístico y social. En este caso, el impacto fue especialmente visible porque Castropol debía servir como escenario final de varios días de actividades repartidas por la ría del Eo.
La ría del Eo como eje territorial de la celebración
El presidente destacó el valor del itinerario diseñado para esta edición, que arrancó el sábado en Vegadeo, continuó el domingo en San Tirso de Abres, pasó el lunes por Figueras y concluyó en Castropol. La elección no fue únicamente logística: permitió presentar la ría del Eo como un espacio compartido de paisaje, actividad económica, patrimonio y vínculos vecinales. Barbón subrayó que había asistido a todas las jornadas y calificó de “maravillosa” la ría.
Entre los actos previos sobresalió la exhibición de drones celebrada en Penarronda durante la noche del lunes, una propuesta que combinó ocio contemporáneo y proyección visual del litoral occidental. La descentralización de la fiesta, frente a un único escenario institucional, amplía la visibilidad de concejos que suelen quedar fuera de los grandes focos autonómicos. También distribuye la actividad entre hostelería, comercio y asociaciones locales, aunque exige coordinación, movilidad y capacidad para responder a contingencias como el mal tiempo.
Un mensaje contra la confrontación
En Castropol, Barbón aprovechó su intervención para defender el 8 de septiembre como una fecha vinculada a “la alegría, la felicidad y reivindicar lo que es Asturias, una suma de mujeres y hombres”. Sin citar destinatarios concretos, aludió a quienes “atacan, critican o agreden” durante la celebración. El mensaje situó el Día de Asturias como un espacio de identidad compartida, en un contexto político donde incluso los símbolos colectivos pueden convertirse en materia de disputa.
La apelación presidencial evita entrar en controversias concretas, pero fija una línea política clara: la conmemoración debe funcionar como elemento de cohesión y no como plataforma de confrontación partidista. Esa posición adquiere relevancia en una jornada que reúne componentes institucionales, culturales, religiosos y turísticos. El equilibrio entre ellos depende, en buena medida, de que las instituciones diferencien sus agendas sin negar la diversidad de sensibilidades presentes en la sociedad asturiana.
IU reclama una separación nítida entre lo público y lo religioso
Horas antes de la llegada de Barbón, el consejero de Ordenación del Territorio, Ovidio Zapico, trasladó a Castropol una lectura distinta del significado de la fecha. El dirigente de IU, socio del PSOE en el Gobierno del Principado, defendió “la fiesta laica” y pidió una separación “clara y diáfana” entre el poder político y las festividades religiosas. Zapico precisó que el respeto a todas las creencias debe ser compatible con una actuación escrupulosa de los cargos públicos ante esa división.
Su intervención introduce una cuestión de fondo que acompaña cada año al 8 de septiembre. La fecha coincide con la celebración de la Virgen de Covadonga y la misa de la Santina, celebrada también este martes, pero el Día de Asturias tiene al mismo tiempo una dimensión estatutaria e institucional. La reivindicación de IU no cuestiona la libertad religiosa ni la tradición popular; plantea que la representación oficial debe priorizar el carácter civil de una jornada destinada al conjunto de la ciudadanía.
Una celebración plural con retos de organización
La convivencia de actos religiosos, institucionales y festivos evidencia la pluralidad de significados que concentra el Día de Asturias. Covadonga mantuvo su protagonismo simbólico y religioso, Pastur acogió la visita personal del presidente y la comarca del Eo se convirtió en el gran escenario lúdico y territorial. Esa distribución permite que distintas comunidades se reconozcan en la fecha, pero obliga a delimitar con precisión cuándo actúan los representantes públicos en nombre de las instituciones y cuándo lo hacen a título particular.
La jornada de Castropol dejó así una imagen doble: la de una fiesta afectada por un temporal típicamente asturiano y la de un debate político tratado sin ruptura entre socios de gobierno. La lluvia redujo la visibilidad de parte del programa, pero no anuló el propósito de llevar la conmemoración al occidente ni el valor de la ría del Eo como emblema compartido. El desafío para próximas ediciones será conservar esa capacidad de descentralización, reforzar planes alternativos ante la meteorología y mantener un marco institucional capaz de incluir tradiciones diversas sin confundir sus ámbitos.
