El oro ruso se desvía hacia Hong Kong mientras China refuerza su estrategia monetaria

Rusia ha incrementado hasta niveles récord sus envíos de oro a Hong Kong, en una ruta comercial que refleja tanto el impacto de las sanciones occidentales como la creciente importancia de China en el mercado internacional de metales preciosos. Durante los primeros siete meses del año, Hong Kong importó cerca de 100 toneladas de oro ruso, casi el triple que en el mismo periodo de 2025, según datos de comercio y negociación citados por el Financial Times.

El movimiento se produce después de que Estados Unidos y Reino Unido restringieran el acceso del oro ruso a los principales mercados occidentales tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Londres, uno de los centros tradicionales para la negociación y custodia de lingotes, cerró sus puertas a la producción rusa, lo que obligó a Moscú a redirigir progresivamente sus exportaciones hacia Asia.

Hong Kong gana peso como vía de acceso al mercado chino

Hong Kong no aplica las mismas limitaciones a las importaciones de oro ruso y cuenta con una infraestructura financiera y logística desarrollada. Esa combinación ha convertido al territorio en un punto de entrada para lingotes que, en buena parte, terminan en la China continental. Según Debajit Saha, analista del London Stock Exchange Group, los compradores chinos suelen adquirir y almacenar oro en Hong Kong debido a las cuotas que afectan a las importaciones directas hacia el territorio continental.

Desde comienzos de 2022, entidades radicadas en Hong Kong han comprado lingotes rusos por un valor aproximado de 276.000 millones de dólares hongkoneses, equivalentes a unos 35.000 millones de dólares estadounidenses. La dimensión de estas operaciones no implica que todo el metal permanezca en la ciudad: una parte significativa se traslada posteriormente al mercado continental o se mantiene en cámaras acorazadas vinculadas a operaciones financieras y comerciales.

El oro ruso se desvía hacia Hong Kong mientras China refuerza su estrategia monetaria

El auge de Hong Kong también coincide con la competencia entre varios centros asiáticos por captar una mayor proporción del comercio mundial de oro, históricamente concentrado en Londres, Nueva York y Dubái. Singapur y Hong Kong han tratado de atraer a bancos centrales, inversores institucionales y operadores internacionales mediante servicios de custodia, mercados de futuros y mecanismos de liquidación física.

Una acumulación sostenida por parte de Pekín

La llegada de oro ruso encaja con una estrategia más amplia de China. A finales de julio, las reservas oficiales del país ascendían a 76,08 millones de onzas, aproximadamente 2.366 toneladas, tras aumentar en 640.000 onzas durante junio. Se trató del vigésimo primer mes consecutivo de crecimiento y del mayor incremento mensual en casi tres años, de acuerdo con las estadísticas del Banco Popular de China.

Las cifras varían ligeramente según la fecha de referencia y la metodología empleada. Otros cálculos sitúan las reservas chinas en torno a 2.345 toneladas, pero ambas estimaciones apuntan a la misma tendencia: China ha ampliado de forma constante sus tenencias de oro desde 2022 y ha reducido al mismo tiempo su exposición a los bonos del Tesoro estadounidense. Sus reservas de oro han crecido alrededor de un 20% desde 2022 y un 122% desde 2015, mientras que sus tenencias de deuda estadounidense han caído un 41% desde 2020.

Esta combinación sugiere una diversificación gradual de las reservas internacionales, aunque no equivale a un abandono inmediato del dólar. El renminbi todavía afronta limitaciones relacionadas con la convertibilidad, los controles de capital y la profundidad de sus mercados financieros. Por ello, el oro funciona para Pekín como un activo de respaldo y de confianza, más que como un sustituto inmediato de la moneda estadounidense.

El proyecto de una red de custodia y liquidación

Un informe reciente de S&P Global Ratings describe los esfuerzos chinos como una política integral y de largo plazo. El Banco Popular de China realiza compras oficiales para diversificar las reservas, mientras las empresas nacionales amplían sus inversiones mineras en el extranjero. Paralelamente, la demanda interna de lingotes, monedas y productos cotizados vinculados al oro continúa siendo elevada.

En 2025, la Bolsa de Oro de Shanghái inauguró una cámara acorazada en Hong Kong, la primera instalada fuera de la China continental. La infraestructura permite negociar contratos denominados en yuanes con entrega física y forma parte de los esfuerzos para convertir a Hong Kong en un enlace entre el sistema financiero chino y los mercados internacionales.

Pekín también busca convencer a bancos centrales de países asociados para que compren oro y lo custodien en territorio chino. Analistas citados en el informe consideran que esta red podría extenderse a países de los BRICS y a otros socios comerciales. La propuesta ofrece una alternativa para aquellos Estados preocupados por la posibilidad de que sus activos depositados en centros occidentales sean congelados en caso de crisis política o sanciones.

La idea, sin embargo, no elimina los riesgos. La concentración de reservas en cámaras vinculadas a una potencia extranjera también puede generar dependencia política y operativa. Además, la confianza en una infraestructura de custodia no se basa únicamente en la propiedad física del metal, sino en la transparencia de los registros, la posibilidad de auditoría y la seguridad jurídica aplicable a los contratos.

Rusia busca compradores y China amplía su margen de maniobra

Para Rusia, la venta de oro hacia Asia forma parte de una reorientación más amplia de sus exportaciones de materias primas. Moscú depende cada vez más de China para sostener sus ingresos comerciales y su economía de guerra, mientras las sanciones limitan el acceso a compradores, bancos y aseguradoras occidentales. El oro ofrece liquidez y puede negociarse a través de redes financieras menos expuestas a las restricciones de Estados Unidos y Reino Unido.

La posición de Hong Kong se ha reforzado además por las interrupciones logísticas y las tensiones geopolíticas que han afectado a Dubái, otro de los grandes centros internacionales del oro. En 2024, el Departamento del Tesoro estadounidense sancionó a varias entidades de Hong Kong por su presunta participación en una red de blanqueo de oro relacionada con Rusia, una señal de que Washington vigila de cerca estas rutas comerciales.

China, por su parte, es el mayor productor y consumidor mundial de oro. La autorización concedida a las diez principales aseguradoras del país para invertir hasta el 1% de sus activos en oro físico puede abrir un nuevo canal de demanda. Analistas de Société Générale consideran que esa medida, junto con el fortalecimiento del yuan y el aumento de las compras institucionales, podría sostener el mercado asiático en 2026.

El flujo de lingotes rusos hacia Hong Kong no demuestra por sí solo la creación de un sistema monetario alternativo, pero sí revela una transformación del mapa financiero. Rusia encuentra una salida para un activo restringido en Occidente; China obtiene reservas adicionales, infraestructura de custodia y mayor capacidad para promover el uso internacional del yuan. La evolución de esta ruta dependerá de las sanciones, de la demanda asiática y de la confianza que Pekín logre generar entre los países dispuestos a diversificar sus reservas fuera del dólar.

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