Costa Rica avanza en PISA 2025, pero matemática concentra la mayor brecha frente a la OCDE

Costa Rica registró mejoras en ciencias, lectura y matemáticas en las pruebas PISA 2025, en comparación con los resultados obtenidos en 2022. El avance más marcado se produjo en ciencias, donde el país sumó 13 puntos y pasó de 411 a 424. Sin embargo, los nuevos datos también confirman que el sistema educativo costarricense continúa por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en las tres competencias evaluadas.

Costa Rica avanza en PISA 2025, pero matemática concentra la mayor brecha frente a la OCDE

El ministro de Educación Pública, Leonardo Sánchez, dio a conocer este martes los resultados durante una conferencia de prensa. La lectura oficial destaca una recuperación respecto de la medición anterior, pero el dato central no se limita a la variación positiva: la distancia con los países de referencia de la OCDE sigue siendo amplia y desigual según el área de aprendizaje.

Ciencias lidera la recuperación

La puntuación de 424 en ciencias constituye el principal resultado favorable para Costa Rica. El incremento de 13 puntos respecto de 2022 es sustancialmente mayor que los cambios observados en las otras dos materias y sugiere una mejora relativa en las capacidades que PISA asocia con interpretar fenómenos, utilizar evidencia y aplicar conocimientos científicos a situaciones concretas.

Aun con ese crecimiento, el país se ubicó 58 puntos por debajo del promedio de la OCDE en ciencias. La cifra obliga a leer el avance con cautela: mejorar desde una base previa no equivale necesariamente a cerrar la brecha internacional. Para que el progreso tenga impacto estructural, deberá sostenerse en el tiempo y traducirse en mejores oportunidades de aprendizaje para estudiantes de distintos territorios y condiciones socioeconómicas.

Lectura mejora apenas un punto

En lectura, Costa Rica obtuvo 416 puntos en 2025, frente a los 415 alcanzados tres años antes. La variación de un punto refleja una estabilidad más que una recuperación significativa. En términos de política educativa, este resultado es relevante porque la comprensión lectora atraviesa el resto del currículo: limita o potencia la capacidad de resolver problemas matemáticos, interpretar consignas, comprender información científica y avanzar con autonomía en todas las asignaturas.

La distancia de 47 puntos con el promedio de la OCDE es menor que la registrada en ciencias y matemáticas, pero sigue siendo un desafío considerable. La cercanía relativa no debe ocultar que el estancamiento observado entre 2022 y 2025 reduce el margen para celebrar una mejora consolidada. La prioridad no es solamente elevar el promedio, sino asegurar que más estudiantes alcancen niveles de desempeño que les permitan analizar textos, identificar argumentos e integrar información compleja.

Matemáticas mantiene el rezago más profundo

Matemáticas continúa siendo el área más crítica del panorama costarricense. El resultado nacional pasó de 384 puntos en 2022 a 387 en 2025, un aumento de tres puntos. Aunque la dirección es positiva, el cambio es limitado frente al tamaño de la diferencia con la OCDE: Costa Rica quedó 76 puntos por debajo de ese promedio, la mayor brecha entre las tres áreas medidas.

El dato es especialmente sensible porque el aprendizaje matemático se relaciona con trayectorias académicas posteriores, acceso a formación técnica y universitaria, así como con competencias requeridas en sectores productivos de mayor complejidad. Una brecha persistente en esta materia puede convertirse en una restricción para la movilidad social y para la capacidad del país de responder a una economía que demanda razonamiento cuantitativo, manejo de datos y resolución de problemas.

Los resultados dibujan una mejora parcial

La comparación con 2022 permite identificar una señal favorable: Costa Rica no retrocedió en ninguna de las áreas evaluadas y logró su mayor incremento en ciencias. No obstante, el comportamiento no es homogéneo. Mientras ciencias avanzó con claridad, lectura permaneció prácticamente sin cambios y matemáticas mostró una recuperación modesta. Esa diferencia impide presentar los resultados como una transformación generalizada del rendimiento escolar.

La lectura más útil de los datos combina ambas dimensiones. El aumento en ciencias demuestra que es posible mover los indicadores nacionales, incluso en un periodo corto. Pero las brechas de 58 puntos en ciencias, 47 en lectura y 76 en matemáticas evidencian que la discusión no puede reducirse al número de puntos ganados. El reto consiste en determinar si las mejoras alcanzan a la mayoría de la población estudiantil o si persisten diferencias internas que reducen el efecto de los avances globales.

La brecha no se cierra solo con promedios

PISA ofrece una referencia comparativa sobre cómo los estudiantes aplican conocimientos y habilidades en contextos distintos a la repetición de contenidos. Por ello, los resultados no deben interpretarse únicamente como una clasificación internacional, sino como una alerta sobre la capacidad del sistema para garantizar aprendizajes fundamentales. Una mejora promedio puede coexistir con rezagos severos en centros educativos, regiones o grupos de estudiantes que enfrentan mayores obstáculos.

Para convertir el repunte en una tendencia sostenida, la política educativa deberá concentrarse en el acompañamiento docente, la recuperación de aprendizajes, la disponibilidad de recursos pedagógicos y el seguimiento de los estudiantes con mayores dificultades. En matemáticas, la magnitud de la distancia sugiere que se requieren intervenciones focalizadas y continuas; en lectura, el estancamiento demanda evitar que una aparente estabilidad se transforme en un rezago prolongado.

Una señal positiva con exigencias pendientes

Los resultados PISA 2025 entregan a Costa Rica una noticia de doble lectura. El país mejoró sus puntajes en las tres áreas y exhibió un avance relevante en ciencias, lo que ofrece una base para fortalecer la recuperación educativa. Pero la persistencia de amplias distancias frente a la OCDE, sobre todo en matemáticas, confirma que el desafío principal sigue siendo elevar de manera sostenida la calidad y la equidad de los aprendizajes, más allá de una mejora puntual en una sola medición.

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