La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) convocó para el miércoles 21 de octubre de 2026 el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias, una jornada destinada a evaluar la capacidad de reacción de comunidades, empresas, instituciones educativas y autoridades territoriales frente a distintos escenarios de riesgo. El ejercicio incorporará este año dos bloques horarios diferenciados, una modalidad con la que el Gobierno busca revisar tanto la preparación ciudadana como la toma de decisiones de las administraciones locales.
La primera jornada se realizará a las 10:00 de la mañana y estará dirigida a familias, comunidades, colegios, empresas, organizaciones sociales y otros sectores. A las 2:00 de la tarde se desarrollará el componente institucional, en el que alcaldías y gobernaciones deberán activar y poner a prueba sus instrumentos de gestión del riesgo, sus canales de coordinación y sus mecanismos de decisión ante una eventual emergencia.
Según la UNGRD, el simulacro no se limitará a una evacuación. La intención es verificar si los planes existentes pueden operar en condiciones reales, si las rutas de salida son conocidas por quienes ocupan los inmuebles, si las comunicaciones funcionan oportunamente y si los organismos responsables tienen definidas sus funciones. La entidad plantea el ejercicio como una oportunidad para detectar fallas operativas antes de que ocurra un evento que exija una respuesta efectiva.

Dos horarios para medir respuestas distintas
La división del simulacro en dos momentos representa uno de los principales cambios de la convocatoria de 2026. Durante la mañana, el foco estará en la respuesta inicial de la población: reconocer una alarma, interrumpir actividades de forma segura, seguir una ruta de evacuación, llegar a un punto de encuentro y reportar novedades. En estos ejercicios, la velocidad de salida es un indicador relevante, pero no el único: también importa evitar aglomeraciones, identificar personas que requieren apoyo y confirmar que no haya quienes permanezcan en zonas de peligro.
En la tarde, el énfasis será distinto. Las autoridades departamentales y municipales deberán evaluar la capacidad de sus esquemas de gestión del riesgo para compartir información, valorar una situación hipotética, priorizar recursos y coordinar acciones entre dependencias y organismos de respuesta. Esta fase busca revisar si las decisiones institucionales pueden acompañar de manera ordenada la reacción de las comunidades, especialmente cuando una emergencia supera la capacidad de un solo barrio, municipio o entidad.
La separación horaria también permite que las instituciones incorporen aprendizajes de la jornada ciudadana en sus propias pruebas. Sin embargo, la utilidad del esquema dependerá de que los participantes registren incidencias concretas y de que los resultados se conviertan en ajustes verificables, como señalización de rutas, actualización de directorios, capacitación de brigadas o revisión de protocolos de comunicación.
Cada territorio escogerá el riesgo que pondrá a prueba
La UNGRD informó que, de acuerdo con la Circular 79 del 31 de agosto de 2026, cada territorio podrá definir el fenómeno amenazante que simulará y las capacidades que desea evaluar, conforme a sus condiciones de riesgo, responsabilidades y necesidades de preparación. Entre los escenarios contemplados figuran sismos, inundaciones, movimientos en masa, avenidas torrenciales, actividad volcánica y otros eventos que puedan afectar a las poblaciones.
La flexibilidad responde a la diversidad geográfica y climática del país. Un municipio expuesto a crecientes súbitas no enfrenta las mismas necesidades que una ciudad con alta vulnerabilidad sísmica o una zona cercana a un volcán activo. Por ello, un simulacro útil requiere que las hipótesis sean coherentes con los riesgos más probables del entorno y con las consecuencias que podrían generar sobre viviendas, vías, servicios públicos, centros educativos y redes de atención.
La elección de escenarios también tiene implicaciones prácticas. En un ejercicio por sismo, por ejemplo, el objetivo puede concentrarse en la evacuación segura tras el movimiento y en la inspección inicial de estructuras. En una simulación de inundación, en cambio, las autoridades pueden evaluar alertas tempranas, desplazamiento preventivo, albergues temporales y protección de bienes esenciales. La capacidad de adaptar las pruebas evita que la jornada se reduzca a un procedimiento uniforme que no refleje las amenazas locales.
La preparación depende de planes conocidos y coordinación real
Los simulacros nacionales suelen servir como una radiografía de la preparación institucional y comunitaria, pero su valor no está únicamente en la participación masiva. La principal prueba consiste en determinar si la información llega a tiempo, si los responsables conocen sus roles y si la coordinación puede mantenerse cuando aparecen imprevistos. Una alarma que no se escucha, una salida bloqueada o un grupo sin punto de encuentro son fallas aparentemente menores que, en una emergencia real, pueden aumentar la exposición al riesgo.
Para las familias, la jornada ofrece la posibilidad de acordar acciones básicas: identificar rutas de salida, definir un lugar de reunión, tener disponibles contactos de emergencia y considerar las necesidades de niños, adultos mayores, personas con discapacidad y animales de compañía. En colegios y empresas, la revisión puede incluir el estado de escaleras, puertas, equipos de primeros auxilios, sistemas de alarma y responsables de orientar la evacuación.
En el caso de alcaldías y gobernaciones, el desafío será demostrar que sus protocolos no son únicamente documentos administrativos. La gestión de una emergencia demanda comunicación entre autoridades, organismos de socorro, sectores de salud, educación, servicios públicos y seguridad, además de una lectura rápida de las necesidades de la población. La definición anticipada de responsabilidades reduce la posibilidad de decisiones contradictorias o demoras durante las primeras horas de una crisis.
Una jornada para convertir hallazgos en correcciones
La UNGRD invitó a los diferentes sectores de la sociedad a participar activamente y a asumir el simulacro como una evaluación de su capacidad de respuesta. La convocatoria subraya que el propósito no es calificar a los participantes por la apariencia de orden durante la actividad, sino identificar debilidades que puedan corregirse. Para ello, será determinante que las organizaciones documenten los resultados, establezcan responsables y fijen plazos para resolver los problemas detectados.
El 21 de octubre pondrá a prueba la preparación de miles de personas y entidades en un país expuesto a amenazas de diversa naturaleza. La eficacia del Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias se medirá, sobre todo, por las mejoras que deje después de la jornada: rutas más claras, planes actualizados, comunicaciones más confiables y autoridades mejor coordinadas para responder cuando el riesgo deje de ser un ejercicio.
