La vigilancia del tráfico entra en una nueva fase en España con la incorporación de sistemas de radar apoyados en inteligencia artificial capaces de identificar infracciones que hasta ahora resultaban más difíciles de acreditar desde el exterior de un vehículo. El Servei Català de Trànsit (SCT) está ensayando estos dispositivos en tramos de las autopistas AP-2 y AP-7, dos de los principales corredores viarios de Cataluña, con el objetivo de ampliar el control más allá de los excesos de velocidad.
La principal diferencia respecto a los cinemómetros convencionales está en su capacidad visual y de procesamiento. Los nuevos equipos combinan cámaras de alta resolución con programas de análisis de imagen que permiten registrar conductas dentro del habitáculo, entre ellas el uso del teléfono móvil, la manipulación del aparato bajo el volante o la ausencia del cinturón de seguridad. La tecnología puede operar desde emplazamientos urbanos o móviles, lo que extiende la vigilancia a situaciones que no siempre estaban al alcance de una patrulla o de una cámara fija.

El foco se desplaza de la velocidad a las distracciones
La generalización de estos sistemas responde a una preocupación recurrente de las autoridades de tráfico: las distracciones al volante continúan figurando entre los factores asociados a los accidentes, especialmente cuando implican el uso manual del teléfono. La detección automatizada pretende aumentar la capacidad inspectora en vías de alta circulación sin depender exclusivamente de controles presenciales, aunque la fase actual en Cataluña tiene carácter de prueba.
El uso del móvil presenta, además, una dificultad específica para los métodos tradicionales de control. Un conductor puede ocultar temporalmente el dispositivo al aproximarse a una patrulla, sostenerlo a baja altura o dejarlo sobre las piernas, conductas que no siempre son perceptibles desde una distancia suficiente. Las cámaras de mayor definición y los algoritmos de reconocimiento buscan reducir ese margen de ocultación mediante imágenes tomadas desde ángulos adecuados para observar la posición de las manos, el teléfono y el cinturón.
La misma lógica se aplica a la falta de uso del cinturón. Aunque se trata de una infracción fácilmente identificable en una inspección directa, su control masivo exige recursos humanos. La automatización puede multiplicar el número de vehículos observados, pero también obliga a que las imágenes tengan nitidez suficiente y que el procedimiento de validación evite atribuciones erróneas, por ejemplo en condiciones de escasa luz, reflejos en el parabrisas o vehículos con elementos que dificulten la visión interior.
Pruebas en dos grandes ejes viarios catalanes
El SCT ha situado los ensayos en la AP-2 y la AP-7, vías que soportan una elevada intensidad de tráfico y conectan Cataluña con otros territorios peninsulares y con la frontera francesa. La elección de estos corredores permite comprobar el rendimiento de los dispositivos en escenarios variados: desplazamientos de largo recorrido, tráfico pesado, flujos turísticos y cambios de densidad de circulación a lo largo del día.
Por el momento, no se han detallado públicamente todos los parámetros operativos del despliegue, como el número de equipos, la duración de la prueba o el volumen de denuncias que podría derivarse de ella. Esa información será relevante para evaluar si la iniciativa se consolida y bajo qué garantías. La implantación de vigilancia automatizada suele requerir que los equipos cuenten con la homologación y los controles metrológicos o técnicos exigidos para respaldar las sanciones.
El avance tecnológico no modifica, en cualquier caso, la necesidad de individualizar correctamente la infracción. La imagen debe permitir relacionar la conducta observada con el vehículo afectado y aportar una base suficiente para iniciar el expediente. En el caso de comportamientos dentro del habitáculo, la calidad de la evidencia adquiere una importancia particular, ya que la distinción entre llevar un teléfono en la mano, manipularlo o simplemente transportar un objeto puede ser determinante.
Fotografías, denuncia y derecho de consulta
El experto en educación vial Rafa Villalba ha explicado en sus redes sociales que el número de fotografías que debe recoger un cinemómetro depende del modelo concreto y de las condiciones de su homologación. También ha recordado que la denuncia no exige necesariamente que la fotografía se entregue junto con la notificación, aunque es habitual que se incorpore como elemento de apoyo.
Según Villalba, el conductor que quiera examinar las imágenes vinculadas a una sanción debe dirigirse a la administración denunciante y solicitarlas dentro del plazo de audiencia previsto en el procedimiento. Este punto es relevante porque una parte de los afectados asume la validez de la sanción al recibir una imagen o una notificación y opta por el pago, sin revisar la documentación disponible ni plantear alegaciones.
El derecho de acceso al expediente no equivale a que toda multa quede anulada por la ausencia inicial de fotografía, pero sí permite al interesado conocer las pruebas y comprobar aspectos como la identificación del vehículo, la fecha, el lugar y la naturaleza de la infracción. En procedimientos automatizados, esa posibilidad de revisión es una garantía especialmente importante para equilibrar la mayor capacidad de vigilancia de la Administración con el derecho de defensa de los conductores.
Más capacidad de control y nuevas exigencias de transparencia
La llegada de radares dotados de inteligencia artificial plantea un cambio práctico en la prevención vial: conductas antes difíciles de detectar de forma continuada pueden pasar a ser objeto de control sistemático. Su eficacia dependerá no solo de la tecnología, sino de que los equipos se utilicen con criterios claros, de que exista supervisión humana cuando sea necesaria y de que las administraciones comuniquen con precisión el alcance de los ensayos.
Para los conductores, el mensaje inmediato es que la vigilancia ya no se limita a la velocidad. Mantener el teléfono fuera de la mano, utilizar correctamente el cinturón y evitar cualquier manipulación que distraiga de la conducción son obligaciones que estos sistemas pueden hacer más visibles. Para las autoridades, el desafío será demostrar que la innovación mejora la seguridad sin rebajar las garantías exigibles en un procedimiento sancionador.
