El nombre de Mehdi Hijaouy ha emergido en torno a las filtraciones difundidas por Jabaroot, un grupo de hackers que ha publicado información sensible vinculada a Marruecos. La hipótesis que circula en fuentes relacionadas con la inteligencia es que este antiguo responsable de los servicios secretos marroquíes pudo haber facilitado documentación o conocimiento útil para esas operaciones. Sin embargo, ese vínculo no ha sido acreditado públicamente y debe tratarse, por ahora, como una posibilidad no confirmada.
La relevancia del caso no reside únicamente en la identidad de quien pueda estar detrás de las intrusiones digitales. También depende de la posición que Hijaouy habría ocupado durante años dentro del aparato de seguridad del reino. Su pasado profesional le situaría en un nivel desde el que podía conocer estructuras, circuitos de decisión, archivos y relaciones internas especialmente delicadas. Esa experiencia explica por qué su figura atrae atención cada vez que aparecen filtraciones con potencial impacto institucional.

Un perfil con acceso a la estructura exterior
Hijaouy, ciudadano marroquí con nacionalidad alemana, formó parte de la Dirección General de Estudios y Documentación, conocida por sus siglas DGED. Este organismo es el principal servicio de inteligencia exterior de Marruecos y opera en un ámbito donde convergen la seguridad nacional, las relaciones internacionales y la obtención de información estratégica. Las referencias disponibles lo presentan como antiguo “controlador general” o número dos de la DGED, una condición que, de confirmarse en esos términos, lo habría situado entre los mandos más influyentes de la organización.
Su trayectoria estuvo además vinculada profesionalmente a Yassine Mansouri, director de la DGED y una de las figuras centrales del sistema de inteligencia marroquí. La cercanía a la cúpula no prueba por sí sola acceso a documentos concretos ni participación en una filtración posterior. Pero sí ayuda a medir la importancia de su recorrido: en los servicios de inteligencia, el valor de un antiguo directivo no se limita a los archivos que pudo haber manejado, sino que incluye el conocimiento acumulado sobre procedimientos, jerarquías, redes de confianza y puntos vulnerables.
La ruptura que cambió su posición
El deterioro de su relación con el aparato de seguridad se habría producido alrededor de 2014, tras un enfrentamiento interno con Abdellatif Hammouchi, responsable de la Dirección General de Vigilancia del Territorio, la DGST. Mientras la DGED concentra su actividad en la inteligencia exterior, la DGST desempeña funciones vinculadas a la seguridad e inteligencia interior. La mención de esa disputa permite entender que el caso no se desarrolla solamente en el terreno tecnológico: se inserta también en las rivalidades, equilibrios y tensiones que pueden existir dentro de sistemas de seguridad altamente centralizados.
Hijaouy abandonó Marruecos en 2024. Después habría pasado por Francia antes de establecerse en España, según las informaciones disponibles. Las autoridades marroquíes solicitaron su extradición por presuntos delitos de fraude, estafa y falsificación documental. Esas acusaciones pertenecen a un plano judicial distinto de la supuesta relación con Jabaroot. Mezclarlos sin pruebas equivaldría a convertir una sucesión de hechos en una conclusión cerrada. Lo verificable es que su salida del país y la petición de extradición han reforzado su visibilidad pública y política.
Por qué Jabaroot amplifica el interés
Jabaroot ha ganado notoriedad por divulgar datos relacionados con Marruecos, alimentando preguntas sobre el origen de la información y sobre las capacidades reales del grupo. En este tipo de episodios, una filtración puede proceder de una intrusión informática, de una fuente humana, de material previamente copiado o de una combinación de esas vías. La presencia de documentos auténticos en una publicación tampoco demuestra automáticamente quién los entregó, cuándo se obtuvieron ni si fueron manipulados antes de difundirse.
La hipótesis de una colaboración de antiguos integrantes de los servicios secretos adquiere fuerza precisamente porque las organizaciones de inteligencia concentran información de alto valor y conservan memoria institucional incluso después de la salida de sus cuadros. No obstante, para atribuir responsabilidad a una persona concreta serían necesarias evidencias públicas más sólidas: trazabilidad documental, comunicaciones verificables, pruebas técnicas, testimonios contrastados o actuaciones judiciales. Sin esos elementos, la conexión entre Hijaouy y Jabaroot sigue siendo una atribución de fuentes, no un hecho establecido.
Una disputa donde la información es parte del poder
El episodio revela una cuestión más amplia: las filtraciones vinculadas a aparatos estatales no solo exponen datos, también pueden erosionar la confianza entre instituciones, abrir frentes diplomáticos y convertir antiguos conflictos internos en asuntos de seguridad transnacional. La información publicada puede tener un efecto político incluso antes de que se determine su origen, porque obliga a gobiernos, servicios y socios internacionales a responder a dudas sobre custodia, autenticidad y protección de sus redes.
Por eso, la cautela es central en el caso de Mehdi Hijaouy. Su perfil hace plausible que su nombre aparezca en las especulaciones sobre Jabaroot; su experiencia pasada ofrece un contexto comprensible para esa atención. Pero la plausibilidad no sustituye a la prueba. La cuestión decisiva no es solo qué información se ha filtrado, sino si puede demostrarse de forma independiente quién la obtuvo, quién la transmitió y con qué propósito. Hasta que esa cadena quede documentada, cualquier imputación personal deberá mantenerse en el terreno de la hipótesis.
