Nike dejará de formar parte del índice S&P 100 el próximo 21 de septiembre, después de casi 18 años de permanencia, en una decisión que refleja el profundo deterioro de su valoración bursátil y de sus perspectivas de crecimiento. La compañía continuará incluida en el S&P 500, pero su exclusión del selectivo de las cien mayores empresas estadounidenses pone de relieve la pérdida de peso relativo de una de las marcas deportivas más reconocidas del mundo.
Un cambio en el índice que refleja la pérdida de escala bursátil
S&P Dow Jones Indices anunció que Nike será retirada del S&P 100 durante el rebalanceo trimestral, junto con Honeywell Aerospace, Simon Property Group y Colgate-Palmolive. Para cubrir las cuatro vacantes, ascenderán desde el S&P 500 Dell Technologies, Palo Alto Networks, Arista Networks y SanDisk, lo que elevará la representación del sector tecnológico en el índice.
La modificación no altera la cotización de Nike ni implica su salida del mercado estadounidense, pero sí constituye una señal visible de la transformación que ha sufrido la empresa. Su capitalización bursátil ronda actualmente los 57.000 millones de dólares, muy por debajo de los niveles que alcanzó durante el ciclo de crecimiento posterior a la pandemia.
Las acciones cerraron a 38,40 dólares el viernes 4 de septiembre, aproximadamente un 50% por debajo de su máximo de 52 semanas, situado en 76,97 dólares. El título acumula una caída del 39,3% en 2026 y del 48,2% en los últimos doce meses. Desde el récord de cierre de 179,10 dólares alcanzado el 5 de noviembre de 2021, Nike ha perdido cerca del 80% de su valor bursátil, equivalente a unos 230.000 millones de dólares.

Los resultados superan las previsiones, pero no despejan el horizonte
El último trimestre fiscal mostró cierta resistencia operativa. Nike comunicó un beneficio ajustado por acción de 20 centavos, sin incluir un beneficio de 52 centavos vinculado a la recuperación prevista de aranceles de importación. Los ingresos descendieron un 1,1% interanual, hasta aproximadamente 11.000 millones de dólares, aunque ambas cifras superaron ligeramente las previsiones de Wall Street: los analistas consultados por LSEG esperaban un beneficio de 13 centavos por acción y ventas de 10.900 millones.
La reacción del mercado estuvo determinada menos por los datos ya publicados que por la orientación para los próximos meses. Nike prevé que sus ingresos continúen disminuyendo durante la primera mitad del ejercicio fiscal 2027, en un contexto marcado por los aranceles, la incertidumbre geopolítica y un consumo más prudente. La empresa espera ahora una caída de las ventas de un dígito bajo a medio entre marzo y noviembre, frente a su previsión anterior de un descenso de un dígito bajo. Para ese mismo periodo, las ganancias se mantendrían, en términos generales, planas.
La guía dificulta establecer cuándo podría producirse un punto de inflexión. Aunque un beneficio mejor de lo esperado puede contener la presión inmediata sobre la acción, no resuelve la cuestión central para los inversores: si la compañía está cerca de estabilizar su demanda o si todavía debe atravesar varios trimestres de contracción.
China y el calzado de rendimiento concentran la presión competitiva
China continúa siendo uno de los principales problemas estratégicos. El negocio de Nike en el país acumula ocho trimestres consecutivos de retrocesos, mientras que su operación global en China se ha reducido aproximadamente un 30% desde 2021. Los ingresos anuales en ese mercado alcanzaron a finales de mayo su nivel más bajo en ocho años, una evolución especialmente relevante porque China fue durante largo tiempo uno de los motores internacionales de expansión de la marca.
La debilidad coincide con una competencia más intensa en el calzado de alto rendimiento. Marcas como On, Hoka y New Balance han ganado visibilidad y cuota en segmentos en los que Nike había disfrutado de una posición dominante. La compañía también afronta dificultades para reactivar el crecimiento de su negocio de calzado y para recuperar el impulso de sus operaciones directas al consumidor.
La combinación de menor demanda, inventarios y presión promocional ha afectado a los márgenes. Los ingresos descendieron desde 51.200 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2023 hasta 46.400 millones en el ejercicio fiscal 2026, mientras que el margen operativo pasó del 15,6% en el ejercicio fiscal 2021 al 8,2% en 2026. El deterioro muestra que el desafío no se limita a vender más productos: Nike necesita mejorar simultáneamente el volumen, el precio y la eficiencia de su estructura.
La estrategia de Elliott Hill afronta su prueba decisiva
El consejero delegado Elliott Hill ha definido el plan de recuperación alrededor de cuatro prioridades: innovación de producto, fortaleza de marca, ejecución en el mercado y control de costes. La estrategia busca reconstruir los fundamentos del negocio antes de perseguir una expansión agresiva, pero sus resultados todavía no se reflejan de forma concluyente en las cifras de ventas o márgenes.
Nike sigue siendo rentable y genera un flujo de caja significativo. En el ejercicio fiscal 2026 devolvió alrededor de 2.500 millones de dólares a sus accionistas, incluidos 2.400 millones en dividendos y 123 millones en recompras. Esta capacidad financiera ofrece cierto margen para invertir en productos y distribución, aunque también limita la interpretación de los retornos al accionista como prueba de una recuperación operativa.
Para que la acción recupere terreno de forma sostenible, los inversores necesitarán comprobar una estabilización en China, una mejora de la demanda de calzado de rendimiento y una recuperación de los márgenes. Si esos indicadores aparecen en los próximos resultados, la fuerte caída de la valoración podría convertirse en un argumento favorable para la acción. Si no, la exclusión del S&P 100 será recordada no como un episodio aislado, sino como otro reflejo de una pérdida de crecimiento todavía sin revertir.
