El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llegará este martes a Barranquilla para reunirse con De la Espriella, en una visita que vuelve a situar a Colombia dentro de la agenda diplomática de Washington. El viaje también pone de relieve un vínculo personal menos visible del funcionario estadounidense: su esposa, Jeanette Dousdebes Rubio, es hija de dos colombianos, un bogotano y una caleña, y creció en Miami entre las tradiciones familiares heredadas de ese país.
La relación de Rubio con Colombia no se explica únicamente por sus responsabilidades oficiales. Desde 1998 está casado con Jeanette Christina Dousdebes, nacida en Miami en 1973. Su padre, Luis Ernesto Dousdebes, nació en Bogotá, mientras que su madre, María Elena Giraldo, nació en Cali y emigró a Estados Unidos cuando tenía aproximadamente 12 años. Allí conoció a Luis Ernesto, con quien tuvo dos hijas: Jeanette y Adriana.
La pareja se separó después de cuatro años de matrimonio y Luis Ernesto regresó posteriormente a Colombia. Jeanette permaneció principalmente al lado de su madre, quien se convirtió en el principal vínculo cotidiano con sus raíces colombianas. La conexión se mantuvo a través de la comida, las reuniones familiares y las costumbres que María Elena llevó consigo desde Cali, además de los viajes que Jeanette hizo durante su infancia para visitar a su padre y de posteriores regresos al país.

Una historia familiar construida entre Miami y Colombia
La trayectoria de la familia Dousdebes también tiene un componente histórico que se remonta al siglo XIX. William Dousdebes, tío de Jeanette, ha relatado que sus antepasados llegaron desde Francia en 1814. Según esa versión familiar, algunos de sus miembros estuvieron relacionados con el proyecto independentista de Simón Bolívar. Se trata de un antecedente genealógico que amplía la historia de una familia marcada por sucesivas migraciones y por la permanencia de vínculos con Colombia a pesar de haberse establecido en Estados Unidos.
Jeanette conoció a Marco Rubio cuando ambos eran adolescentes en Miami. Él tenía 19 años y ella 17 cuando coincidieron en un centro recreativo de West Miami. La relación tuvo una pausa y se reanudó años después. Finalmente, se casaron en 1998 en la Iglesia de la Pequeña Flor, en Coral Gables, una localidad del condado de Miami-Dade con una importante presencia de familias latinoamericanas.
Antes de convertirse en la esposa de un senador y, más tarde, del secretario de Estado estadounidense, Jeanette desempeñó distintos trabajos. Fue cajera en un banco, estudió diseño de modas y durante un año trabajó como animadora de los Miami Dolphins. Después del matrimonio, la pareja formó una familia de cuatro hijos: Amanda, Daniella, Anthony y Dominick.
El bajo perfil de Jeanette durante el ascenso político de Rubio
Mientras Rubio avanzaba en la política estadounidense, Jeanette mantuvo una presencia pública limitada. Su participación se hizo visible sobre todo en momentos relevantes de la carrera de su esposo, como la campaña de 2015 por la candidatura republicana a la Presidencia. Su papel contrastó con la creciente exposición de Rubio, quien pasó de ocupar cargos legislativos en Florida a convertirse en una figura nacional del Partido Republicano.
Con el tiempo, Rubio se acercó políticamente a Donald Trump y consolidó una posición relevante dentro de su entorno. Ese proceso desembocó en su llegada a la Secretaría de Estado, un cargo desde el cual la relación con Colombia adquiere una dimensión institucional y no solo familiar. La visita a Barranquilla ocurre, por tanto, en dos planos: el de la agenda oficial del Gobierno estadounidense y el de una historia migratoria que conecta a la familia del funcionario con distintas regiones colombianas.
La presencia de Jeanette en la vida de Rubio no ha convertido a Colombia en el único eje de sus decisiones políticas ni permite deducir por sí sola la orientación de la relación bilateral. Sin embargo, sí ofrece un contexto personal para entender por qué el país aparece también en la historia privada del secretario de Estado. La ascendencia colombiana de su esposa forma parte de una identidad familiar desarrollada en Miami, donde confluyeron la experiencia migratoria de sus padres y las costumbres que conservaron después de establecerse en Estados Unidos.
Un vínculo que vuelve a coincidir con la agenda oficial
María Elena Giraldo ha contado que su hija regresó algunas veces a Colombia junto con Rubio y que en la familia se conservaron varias tradiciones aprendidas durante su infancia. Esos viajes y costumbres describen una relación intermitente, pero persistente, con el país: no se trata de una residencia prolongada ni de una carrera desarrollada en Colombia, sino de un lazo familiar sostenido a través de visitas, recuerdos y prácticas culturales.
Ahora, la llegada de Rubio a Barranquilla hace coincidir esa historia privada con sus responsabilidades como alto funcionario estadounidense. El secretario arribará en representación de Washington y en el marco de una reunión política, mientras que detrás de su figura pública permanece la trayectoria de una familia formada por un bogotano, una caleña y una hija nacida en Miami. Esa combinación resume una experiencia migratoria frecuente en Estados Unidos: la de familias que construyen su vida fuera de Colombia sin romper por completo los vínculos con el lugar de origen.
